domingo, 28 de septiembre de 2014

Hotel España


C. Sant Pau 9-11



Barcelona está llena de pequeñas joyas medio escondidas, y aunque muchas de ellas cuentan con una buena difusión y propaganda, muchos barceloneses todavía las desconocen. Este es el caso del Hotel España, uno de los establecimientos hoteleros históricos más antiguos de la ciudad, y una pequeña joya del modernismo catalán decorado por Lluís Domenech i Montaner a principios del siglo XX.



El edificio, destinado a viviendas, fue construido en el año 1850. Nueve años después se transforma en la Fonda de España, en la que destaca la calidad de las habitaciones y el cuidado servicio: estaba considerado como un establecimiento de primerísima categoría. En el año 1888, con la celebración de la Exposición universal, las fondas empiezan a nombrarse como hotel, nombre de origen francés que da una connotación diferencial de servicio y trato.


A partir de 1898 se inician una serie de reformas interiores, proyectadas por Lluís Domènech i Montaner y en las que colaboraron famosos artistas como el pintor Ramón Casas y el escultor Eusebi Arnau. 


Esta decoración modernista puede verse nada más entrar en el hotel. En la recepción, madera, cerámica, artesonados o lámparas son dignos de admirar. En referencia a su nombre, podemos observar continuas alusiones a las provincias españolas: escudos, leones, castillos.... 


También encontramos grabados en las paredes con buenos deseos al viajero y a los huéspedes.


Y muchos pequeños y armoniosos detalles.


Con las reformas, al hotel se le incorporaron novedosas instalaciones técnicas, poco frecuentes en la época, como el teléfono, el ascensor o la luz eléctrica. Como ejemplo, el hotel conserva la antigua centralita, situada a pie de escalera.


En la escalera, decorada con esgrafiados de castillos en sus paredes, destaca por su barandilla. A pesar de no cumplir las normas de seguridad, debido a su baja altura, se ha podido conservar por tratarse de la pieza original.



También pueden verse restos del antiguo mosaico que decoraba el suelo.


El Bar Arnau

A la izquierda de la recepción, se encuentra la entrada al Bar Arnau, antiguo salón de lectura y tertulia. Entre sofás y mesas bajas, preside la estancia una chimenea ornamental de alabastro de más de cinco metros. Su función siempre fue decorativa, nunca funcionó.


La obra fue modelada por el escultor Eusebi Arnau (1901), y cincelada por Alfons Jujol i Bach. Representa el paso de los años, desde el nacimiento, representado por una madre con su bebé en brazos, a la vejez, con un anciano calentándose al fuego. El conjunto está presidido por un gran escudo de España.




Saliendo de nuevo a la recepción, podemos ver al fondo un patio de luces.















Entre los esgrafiados que decoran las paredes, con alusiones a la naturaleza, destacan en la zona más alta, unas figuras de mujer que desean los buenos días y las buenas noches a los huéspedes.


Las obras modernistas finalizaron en 1903 y fueron galardonadas al año siguiente con el Premio de Arquitectura y Decoración que convocaba cada año el Ayuntamiento de Barcelona. En este patio puede verse la placa que lo recuerda.

Sala de las Sirenas

Pero los conjuntos más importantes son los comedores. Al lado del patio de luces se encuentra la entrada a la Sala de las Sirenas, en la que sólo entrar podemos ver un enorme mural decorado con temas marinos en los que destacan cuatro hermosas sirenas. Me ha llamado la atención que tienen piernas, y sus atributos marinos están en los pies.


Aunque las pinturas se atribuyen a Ramón Casas, este hecho no está comprobado. Lo que sí está claro es que se trataba de un pintor profesional por el estilo y la calidad. Un ejemplo es el detalle de las olas, con la que crea una cenefa en el techo.


Antiguamente a este salón se le llamó “La Pecera”; cuando estás dentro entiendes el porqué.


El arrimadero es de ebanistería decorada con cerámica vidriada representando los escudos de ciudades y reinos de España. Si nos fijamos podemos ver que también cumplía una función de perchero.


También destacan las luces, que para integrarlas en el espacio, imitan a las burbujas en el agua. Estas luces atraviesan el techo de cristal que separa el salón del patio de luces, deslizándose hacia arriba. 


Y aprovechando que estamos mirando hacia arriba, os enseño un detalle de los techos.


El otro salón comedor es la Fonda España. Del restaurante se encarga el reconocido chef Martín Berasategui, que aparte de la carta ofrece un menú diario bastante asequible, una buena opción para comer en un entorno espectacular.


El conjunto de la sala es más rico en detalles que el salón anterior. Los trabajos de ebanistería son espléndidos, ricamente tallados. 


El arrimadero de las paredes está formado por mosaicos vidriados con diferentes emblemas de las provincias de España. Está rematado por colgadores que combinan motivos vegetales y florales. Esta decoración en mosaico también es visible en el friso y en los revoltones de la sala. 


Es imposible no fijarse también en los apliques de latón de las paredes y en las lámparas colgantes.



El Hotel cuenta con 82 habitaciones, de las cuales 28 son Deluxe, 3 Ejecutivas con terraza privada y 1 Suite. La decoración es contemporánea. Quien lo desee, puede aprovechar una tarde de verano para subir a la terraza Alaire Ramblas a tomar copas y tapas en ambiente chill out. 


Si lo que quieres es verlo, el hotel ofrece visitas guiadas en horario de mañana y tarde por 5€.

domingo, 22 de junio de 2014

Jardines de Mossèn Costa i Llobera


Con el buen tiempo lo que gusta es salir a pasear al aire libre, y uno de mis sitios favoritos es la Montaña de Montjuïc. Hoy os quiero enseñar uno de sus jardines, especializado en cactus y suculentas, un recinto que, cuando lo ves, supera expectativas.



Hace tiempo que quería ir, pero quería hacerlo en primavera. La razón: algunas flores de cactus son espectaculares, aunque generalmente duran poco tiempo. Fui con la esperanza de conseguir ver alguna en su esplendor. Y es que si alguien piensa que este tipo de jardín ha de tener poca floración se equivoca.






La web del Ayuntamiento lo describe así: “Este jardín no tiene nada que ver con los jardines urbanos ni con los otros que se encuentran en la ciudad. No tiene zonas de juegos infantiles ni áreas para perros, pero tampoco le hace falta. Ya tiene bastante con sus vistas sobre el mar y con su propia visión. Más que un espacio verde para relajarse, leer al aire libre o jugar, es un museo para visitar y dejarse sorprender…”


             





Estos jardines se crearon a finales de los años 60, en un espacio que había sido ocupado por baterías antiaéreas. Desde sus inicios, el recinto se ha dedicado a coleccionar y exponer cactus y otras plantas suculentas y tropicales.






Por su pendiente y por su orientación al sureste, de cara al mar, con un nivel de insolación y temperatura superior al de la ciudad, estas plantas encuentran un terreno y un microclima muy propicio para su desarrollo.





Podemos encontrar muchas plantas de clima subtropical, además de una importante colección de cactus, una de las más prestigiosas del mundo en su sector. Aquí se cultivan 800 especies de cactus, más de 6000 cactus y casi 190.000 unidades de rastreras y otras suculentas, que proceden de todas las zonas desérticas del mundo.




Destacan también las diferentes especies de palmeras haciendo de fondo a enormes columnas de cactus y a retorcidos brazos que se alzan hacia el cielo.



Ejemplares de "asiento de la suegra", uno de los cactus más cultivados y conocidos en todo el mundo, a pesar de estar amenazado en su hábitat natural.



Además de su vegetación, los caminos, senderos, escaleras, los miradores… lo convierten en un hermoso jardín por donde pasear. Si os gustan las fotos, aquí tenéis un sitio para disfrutar. A mí me han costado mucho seleccionar. 





Uno de los miradores es el de la Puntaire, llamado así por la escultura La puntaire (mujer que hace encajes de bolillos, muy típico en Cataluña), de Josep Viladomat, desde donde se puede disfrutar de una espléndida panorámica del puerto de Barcelona.



Detrás puede verse el acantilado marino del Morrot, una zona abrupta y de fuertes pendientes de antiguas canteras, colonizada con vegetación mediterránea y foránea de gran valor biológico, y hábitat de diversas aves.


Otro de los miradores.




En uno de los accesos al parque encontramos la escultura L'au dels temporals (El ave de los temporales), de Joaquim Ros i Bofarull, en homenaje al poeta Miquel Costa i Llobera. 



Durante unos años los jardines permanecieron cerrados (2006 a 2011) Una renovación destinada a mejorar la imagen del jardín, y que tenía que durar un año, puso al descubierto problemas de desprendimientos de tierra. Los técnicos detectaron bolsas de agua en el subsuelo y había zonas del parque que se hundían. El problema residía en una tubería interior del parque que sufría escapes de agua. Se tuvo que construir una de nueva, que desciende desde la boca del túnel de Miramar hasta el puerto y drena el agua para que el subsuelo sea estable. 







Uno de los puntos atractivos del jardín.





El acceso a estos jardines puede hacerse por diversos sitios: yo fui por el Paseo de las Baterías, un camino ecológico que discurre paralelo a la Ronda Litoral. También se puede acceder al jardín por la carretera de Miramar y por el mirador de Miramar.