sábado, 17 de marzo de 2012

Las Ramblas IV. Rambla de los Capuchinos y Plaza Real



La Rambla de los Capuchinos comienza en el Pla de la Boquería con el pavimento de Joan Miró.




Este es el tramo que primero se condicionó como paseo, y donde se reunía la gente acomodada para pasear y charlar. El nivel del suelo se levantó sobre el resto y se le empezó a llamar el Terrat. La canción infantil popular "El gegant del Pi…” habla de este lugar:”…ara balla pel Terrat”



A la derecha se encuentra el nuevo teatro del Liceu, que se reconstruyó siguiendo el modelo del antiguo teatro, que se incendió en 1994.



Delante del Liceu, al otro lado del paseo, está el Café de la Ópera, que conserva la decoración novecentista, con los viejos espejos y las columnas de hierro forjado.





Un poco más adelante aparece el edificio del Hotel Oriente, que data de 1882











Más abajo, la calle de Ferran, la más aristocrática de la ciudad en el siglo XIX, y actualmente una de las más transitadas de la zona,  que conduce a la plaza de Sant Jaume.



Es en este tramo de La Rambla donde encontramos más terrazas, y donde los turistas  hacen una parada para descansar, mirar y tomar algo. Los barceloneses no solemos sentarnos en ellas porque sabemos de los precios de las enormes cervezas y sangrías que se sirven.


También son típicas las “estatuas vivientes”. Llama la atención lo elaborado de su vestuario y su “atrezzo”, que atraen a los turistas para hacerse una foto de recuerdo a cambio de unas monedas.


 

 




 




Más adelante encontramos la entrada a la plaza Real, que ocupa el solar del antiguo convento de los capuchinos (que da nombre a este tramo de la calle). De estilo neoclásico fue proyectada por el arquitecto y urbanista Francesc Daniel Molina  en  el año 1848.





Esta emblemática plaza fue durante mucho tiempo, conocida por su degradación, especialmente nocturna, convirtiéndola en un espacio poco recomendable. Pero ahora, gracias a la presencia policial y al esfuerzo municipal, que ha activado la labor social y de limpieza, es  un espacio reconquistado para los ciudadanos.



Es una plaza de gran belleza, que actualmente ofrece una oferta gastronómica y de locales de ocio que no para de crecer. Durante el día es un rincón tranquilo y animado donde comer o sentarse a tomar una cerveza y unas tapas bajo sus pórticos, por la noche se llena de ambiente.

 


Su decoración consta de palmeras  y  destaca en el centro la llamada fuente de las Tres Gracias. Otro aspecto interesante son dos farolas diseñadas por Antonio Gaudí, que fueron encargadas por el Ayuntamiento en 1878. Se colocaron 8 farolas,  aquí y en el Pla de Palau (Plaza Palacio).

 

 
 
 



Entre la Ramblas y la Plaza Real también encontramos el pasaje de Bacardí, que se abrió en el año 1856, atravesado por un puente de hierro que, originalmente, tenía los vidrios pintados con paisajes tropicales.



Y volvemos a las Ramblas, llegamos a la de Santa Mónica, pero esta será una nueva entrada.



 

jueves, 15 de marzo de 2012

Los semáforos más antigüos de Barcelona



Dos son los semáforos más antiguos de la ciudad, separados tan sólo por una manzana. Están en la calle Comte Urgell, uno en el cruce con Buenos Aires y el otro con Londres.

No he conseguido averiguar su antiguedad, pero he encontrado una referencia sobre que debieron ser instalados hacia finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta.

Y aunque están acompañados de otros más modernos, todavía funcionan, aunque eso sí, sólo los del lado que está situados en la actual dirección correcta.

sábado, 10 de marzo de 2012

Las Ramblas III. Rambla de las Flores o Rambla de Sant Josep

Entramos en una de las partes de las Ramblas más conocidas y mi favorita: a los puestos de venta de flores se les une la entrada del mercado de la Boquería, todo un espectáculo de colores, olores y sensaciones.




Iniciamos el trayecto por esta rambla en el barroco Palacio de la Virreina.



Este barroco palacio lo mandó construir el que fue virrey de Perú, Manuel Amat i Junyent, marqués de Castellbell, para que fuera su residencia a su regreso a Cataluña. Cuando murió el palacio pasó a ser de su viuda, de ahí el nombre de “La Virreina”.



Al lado del palacio, hay una antigua y estrecaha tienda: Casa Beethoven, un comercio dedicado a la música y donde pueden encontrarse todo tipo de partituras musicales











Un poco más abajo, el centenario Mercado de la Boqueria (oficialmente, de Sant Josep), principal mercado de la ciudad y muy anterior a la construcción del edificio de estructura de hierro que ocupa.  

A veces no se sabe si hay más compradores o turistas haciendo fotos. Las tiendas de la entrada son todo un espectáculo. Dejo una muestra.

 
 




Pórticos de columnas jónicas que rodean el Mercado.


En el número 94 se levantaba el Palacio Nuevo de la Rambla, ahora llamado "edificio inteligente" por su alta tecnología, con un aparcamiento robotizado de once plantas subterráneas.



Esta construido de forma que a través de una apertura  en la fachada, se vea el campanario de la Iglesia del Pi








Sorprende una construcción de estilo oriental. Es una antigua casa de paraguas, bastones y abanicos que abrió Bruno Quadros a mediados de siglo XIX.
 
 

Después de un viaje a Oriente, encargó el edificio a Josep Vilaseca (arquitecto del Arco del Triunfo), que la acabó en el año 1888, año de la Exposición Universal. En la esquina  llama la atención la figura de un dragón con un farol y un paraguas.

 

 
En esta zona se encuentra, con casi doscientos años de existencia, La pastelería Escribà, una de las más antiguas de la ciudad y de fachada modernista. No se donde hay más arte, si fuera o dentro de la pastelería.


Y como todas las ramblas, llena de vida. 





sábado, 3 de marzo de 2012

Las Ramblas II. Rambla de los Estudios


A esta rambla se la llama así porque aquí estuvo el Estudio General o Universidad.




Ahora es también conocida popularmente por el nombre de Rambla de los Pájaros, por las paradas de venta de estos animales que hasta hace poco formaron parte de la historia de la ciudad, y que ahora han sido substituidas por otro tipo de comercios.


Bajando por el lado derecho de las Ramblas se encuentra el Teatro Poliorama, que desde el año 1912 ocupa los bajos del edificio de la Real Academia de Ciencias y Artes, de estilo progresista, construido en 1883, y que fue precursor del modernismo, que llegó más tarde.


 

En la fachada se colocó el reloj eléctrico que desde 1891 marca la hora oficial de Barcelona, y en el interior hay otro reloj, del año 1869, que además indica la hora de 24 ciudades del mundo, la de la salida y la puesta de sol, tiene un calendario perpetuo y un planetario con los signos del zodiaco.



Si se continúa bajando encontramos la Iglesia de Betlem.


Antigua iglesia de los jesuitas, se incendió en el año 1671, se reconstruyó con una rica decoración interior, que se perdió en otro incendio  en 1936. Se volvió a reconstruir siguiendo su forma original, con una nave única, espaciosa y con capillas a los lados, a la manera tradicional del gótico catalán.












Al otro lado, en la esquina con la calle de la Portaferrissa, encontramos el Palacio Moja. proyectado por Josep Mas Dordal en el siglo XVIII (también arquitecto de la basílica de la Mercè) y construido en estilo neoclásico.


Fue primero la residencia de los marqueses de Moja y, más tarde, del marqués de Comillas, por lo que el lugar también se conoce como el Palacio del Marqués de Comillas, título que se le concedió a su último propietario, Antonio López, creador de la Compañía Transatlántica, del Banco Hispano Colonial y de la Compañía General de Tabacos de Filipinas.  


Desde 1981, se hallan las dependencias de la Consejería de Cultura de la Generalitat de Catalunya, y en el piso superior se conserva la cámara de Cinto Verdaguer, tal como era cuando trabajaba de limosnero del marqués.

Entre otras estancias el Palau Moja conserva intacto el gran salón de baile –hoy salón de actos-decorado con pinturas de Francesc Pla “El Vigatà”, consideradas de lo mejor de su obra.







En la calles Portaferrissa encontramos una fuente donde en sus mosaicos se explica cómo era la ciudad de Barcelona cuando existían las murallas.