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sábado, 5 de abril de 2014

El Gran Teatro del Liceo



El día 12 de Mayo se conmemora el día Europeo de la Ópera. Para celebrarlo el Gran Teatro del Liceu organizó el pasado año una jornada de puertas abiertas para que todo el mundo pudiera ver su interior.


Considerado como uno de los teatros de ópera más importantes del mundo, por el Gran Teatro del Liceo de Barcelona han pasado los mejores cantantes del mundo. 

Situado en la zona central de la Rambla, desde 1847 ha sido, y es, un símbolo de Barcelona y de la nobleza y burguesía catalanas.


Su historia no sólo va ligada a la música, ha sufrido incendios y un atentado. En el año 1893 el anarquista Santiago Salvador tiró dos bombas en la platea, una de ellas estalló causando 20 muertos y decenas de heridos. Durante años las butacas de las víctimas no se utilizaron. También ha visto pasar las diferentes convulsiones políticas y una guerra.


Quizás por ser el más reciente, el hecho que más impacto emocional ha tenido en los ciudadanos ha sido el incendio que el 31 de enero de 1994, en el que se destruyó la sala y el escenario. En su reconstrucción se mantuvo la misma apariencia del anterior, pero se le dotó de una infraestructura técnica muy avanzada y se aprovechó para enderrocar los edificios contiguos y ampliarlo. En octubre de 1999 volvió a abrir sus puertas.

Vestíbulo 
Entramos por la Rambla al vestíbulo. Es uno de los espacios que se salvaron del incendio de 1994. 


Es de estilo ecléctico basado en el Renacimiento, conocido, a mediados del siglo XIX, como “florentino”. La escalera central es de mármol en estilo neoclásico. 


En la parte superior se encuentra una escultura de la “Musa de la Música”, obra de Venanci Vallmitjana (1901).

           


Saló dels Miralls (Salón de los espejos)
En el primer piso se encuentra El Saló dels Miralls, un espacio de descanso y encuentro del público, que en la visita contó con cantantes en directo que la hicieron todavía más interesante. Sus voces (y que voces) crearon la atmósfera perfecta para la visita. El problema fue que, de tan hermoso, la gente se quedaba absorta y se acumulaba, por lo que resultaba difícil avanzar o hacer fotos. 



El salón se salvó del incendio y fue restaurado cuidadosamente. Las pinturas del techo son una copia realizada por Josep Mestres Cabanes del original pintado por Josep Mirabent. 


Representan al dios Apolo en su trono con nueve musas. Los retratos corresponden a escritores de obras de teatro, compositores, cantantes, bailarines, etc.


En la parte alta de las paredes pueden leerse textos referentes al arte y la música.




El Cercle (El Círculo)
Siguiendo la visita pasamos por diversas salas decoradas en estilo modernista. 


El Cercle es un club privado que comparte el edificio con el teatro. Contiene obras decorativas modernistas únicas.



Destaca la Sala del pintor Ramón Casas. En 1902, doce de los cuadros del pintor pasaron a estar expuestos de forma permanente.



Los cuadros están colocados a la altura de los ojos del espectador en una solución de continuidad que ocupa todas las paredes de la sala. La disposición de los cuadros, como una esplendorosa cenefa, se adapta a los recovecos de la sala.



Sala y escenario



La sala, inspirada explícitamente en el Teatro alla Scala de Milán, es una réplica exacta de la Sala original. Tiene la planta en forma de herradura, con platea y cinco niveles. Actualmente su aforo es de 2.292 espectadores, uno de los mayores de los teatros de ópera europeos.


De las pinturas de los ocho óculos o medallones del techo, cinco son móviles, de forma que las pinturas se pueden mover y dejan al descubierto una serie de focos que forman parte del equipamiento luminotécnico.



El escenario del Liceu es el área más grande de todo el conjunto del Teatro y el núcleo alrededor del cual se organiza todo el edificio. Está dotado de unos equipamientos de gran envergadura y complejidad que permiten una enorme agilidad en el montaje y desmontaje de las producciones, en el cambio de escena y la alternancia de títulos en la programación. 


El Foso de la orquesta también es una plataforma que se eleva o se mantiene a 2m por debajo del escenario según el tipo de espectáculo.


El conjunto de la Sala y el escenario disponen actualmente del equipamiento técnico más moderno.


Foyer y Espacio Liceu
Al salir de la sala accedemos a estos espacios situados bajo la sala, zonas de descanso culturales y comerciales. Aquí hay un pequeño auditorio que se utiliza también como sala para conciertos y representaciones de pequeño formato y otros eventos.



Hoy en día sigue siendo un teatro de alto prestigio, aunque con problemas económicos y con el precio de sus entradas por las nubes. Aunque siguen existiendo localidades a precio reducido, éstas no tienen visión directa del escenario, sino a través de una pantalla. Así que si queréis verlo por dentro estad atentos a ver si este año se repite la jornada de puertas abierta, o haced una de las visitas guiadas que el teatro programa, pero eso sí, pagando.



Más información: 



domingo, 27 de octubre de 2013

Palau Moja




El Palacio Moja se encuentra en la Rambla. Las gestiones para su construcción las inició en 1763 el marqués de Cartellà Pere Desbach, pero fue su nieta, Maria Lluïsa Descatllar, quien en 1774 hizo derribar la muralla de la Rambla haciendo desaparecer la puerta Ferrissa (puerta de hierro) y las dos torres que la flanqueaban (Hoy calle Portaferrissa).
 


Mirado desde la Rambla, es una construcción sobria, de líneas rectas y sin demasiados elementos decorativos. Esto es debido a que en el momento de construir el palacio, la Rambla era una riera. Es por esta razón que la fachada principal se orientó a la calle Portaferrissa.
 
Fachada en la calle Portaferrissa
 
El edificio del Palacio Moja fue proyectado por el arquitecto Josep Mas i Dordal que, influido por las nuevas tendencias estéticas procedentes de Francia, ideó un palacio neoclásico. (También edificó la iglesia de la Merçè, Sant Vicenç de Sarrià y el palacio episcopal de Barcelona).
 
Puerta principal en la calle Portaferrissa


Detalle de la parte superior en la  puerta de acceso


La familia Moja
Maria Lluïsa Descatllar se casó con Josep de Copons, marqués de Moja. Iniciadas las obras del palacio en 1774, éste se inauguró al cabo de diez años, con motivo de la fiesta nupcial de la hija mayor de los marqueses.
 
Acceso a la planta noble desde el vestíbulo.
Al fondo la pintura de un perro, guardián de la casa.

El edificio sería propiedad de la familia hasta el año 1865, cuando la última marquesa de Moja, Josepa de Sarriera i Copons, murió sin descendencia. Sus albaceas alquilaron el palacio al Fomento de la Producción Nacional hasta que, en 1870, lo compró Antonio López y López.
 
Dedicado a los Cazadores de Hermes. Ahora cada vez que veo uno me acuerdo de ellos.


La escalera noble, toda de mármol
 
El marqués de Comillas
En 1870, Antonio López y López, nacido en el pueblo de Comillas, Cantabria, de familia humilde, amasó una gran fortuna en Cuba. Compró el Palau Moja de Barcelona como residencia, un palacio de nobles para un nuevo rico. Fue un naviero destacado de la época, y entre sus negocios se incluía el comercio de esclavos. En 1878 se le nombra Marqués de Comillas, pasando a ser noble y senador.


Detalle de la escalera

Escudo de armas de don Antonio López y López, I Marqués de Comillas

Las paredes están decoradas con pinturas románticas de Eduad Masdeu i Llorens


Al comprar el palacio, emprendió obras importantes de reformas y decoración, basada en una ornamentación barroca, especialmente en la planta noble, con los consiguientes salones rosa, azul y verde.
 

 
El marqués de Comillas estaba muy vinculado a la monarquía, (de esa forma consiguió el marquesado), y especialmente a Alfonso XII, el cual al entrar a España para hacerse cargo de la corona después de la Restauración, durmió en el salón azul de esta mansión. En 1886 también fue huésped de honor san Juan Bosco.
 


Esta gran influencia social puede intuirse en el gran salón del Palau. Con 3 pisos de altura, planta cuadrada y grandes ventanales sobre la Rambla, fue el escenario perfecto para las fastuosas celebraciones del palacio.
 

                        


Todas las paredes y el techo de la estancia están recubiertas de pinturas murales de Francesc Pla, el Vigatà el mejor pintor muralista catalán del siglo XVIII: escenas históricas, guirnaldas de flores, imágenes de la familia Moja.
 









Puertas de acceso a la capilla (derecha) y al salón rosa

En 1891, el marqués de Comillas instaló en el segundo piso del Palacio las oficinas de la Compañía Trasatlántica de la que era fundador y presidente, teniendo la exclusiva de la ruta entre España y Las Antillas.
 
En una de las salas del palacio se encuentra expuesta una magnífica colección de maquetas de barcos de la Compañía Transatlántica, la flota propiedad del marqués de Comillas que ponía en comunicación España con las colonias americanas.
 


El marqués fue el mecenas y protector de Mosen Cinto Verdaguer, el cual le dedicó su obra La Atlántida.  Celebraba misa para la familia en la capilla anexa al salón principal, de pequeñas dimensiones, decorada también por el Vigatà con alegorías religiosas y escenas de la Madre de Dios de la Mercè.
 
 
Verdaguer vivió en el palacio de Comillas 15 años, primero como capellán de la familia y desde 1883 como limosnero. Fue por esta última actividad por la que fue enviado a un santuario cerca de Vic, ya que el marqués consideraba que malgastaba su dinero con gente indeseable.
 
Murales de la capilla
Retrato de San Juan Bosco realizado por
mosen Cinto Verdaguer
 
Se instaló en la segunda planta, en una habitación extremadamente austera. Actualmente es una sala de reuniones, pero permanecen algunos elementos de entonces, como el armario o la chimenea.
 
          
 
El conde Güell
Una de las hijas del marqués, Isabel, se casó con Eusebio Güell (conde de Güell), conocido sobretodo por ser el mecenas de Gaudí. Se unieron así, dos de las grandes fortunas de la ciudad.
 
Detalles del salón rosa

 
Después de la muerte del marqués de Comillas, el Palacio pasó a manos de su hija. Fue un hijo de éste matrimonio, Juan Antonio Güell y López, que fue alcalde de Barcelona entre los años 1930 y 1931, quien abrió unos soportales a lo largo de la acera de Las Ramblas para facilitar el acceso a los viandantes.
 


Acceso al comedor familiar
Durante la Guerra Civil Española, el Palacio pasa a ser sede de la CNT, expoliándose sus obras de arte. Como ejemplo, todas las alfombras fueron troceadas y entregadas a la clase obrera para su uso. En 1940 las oficinas de la Aduana se instalan en el segundo piso del palacio. Posteriormente, son las oficinas de la Compañía Transatlántica (por segunda vez) Y después se convierte en la sede central del recién fundado Banco Atlántico.

 
Cuando fallece el tercer marqués de Comillas y conde de Güell en 1959, el palacio entra en una notable decadencia.
 
En 1969, se le declara monumento de interés histórico y artístico y una vez vaciado el contenido artístico de éste, y en 1971 sufre un incendio que lo destruye prácticamente en su totalidad.



El palacio quedó abandonado durante once años, hasta que el Departamento de Cultura y Medios de Comunicación de la Generalidad de Cataluña lo adquirió y restauró. Actualmente el palacio es la sede de la Dirección General del Patrimonio Cultural. No se puede visitar, aunque, en determinados días del año, abre sus puertas al público.